No habrá paz mientras no se supere la pobreza, ni seguridad mientras se daña el planeta (mensaje realizado por Tony Blair en 2005).
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Hay países que en la actualidad van a exigir crecer, al igual que los occidentales lo hicieron en su momento, y no se podrá decirles que no. Por el contrario el reto es trabajar por alcanzar ese desarrollo sin que implique destrucción del medio.
Ya desde el año 1972 la comunidad internacional desde la UN (http://www.unep.org/) lleva trabajando en diversos foros sobre la problemática de un desarrollo respetuoso en el planeta. En la cumbre de Johannesburgo, en 2002, se definieron los objetivos sobre los que se debe trabajar al respecto, sintetizado en las 3 P: People, Planet and Prosperity (al que se puede añadir una cuarta: Peace).
Y es importante comprender que si se pretende una respuesta pacífica a este gran reto de desarrollo sostenible se acaba el tiempo. Es clave una necesaria implicación política y ciudadana, atendiendo a la educación como un pilar básico o aprovechando instrumentos ya definidos como las agendas 21 a nivel local. Un ejemplo reseñable de posicionamiento al respecto fue la introducción de la producción de agua caliente solar en las ordenanzas de Barcelona, posteriormente adoptadas por la legislación nacional española en el CTE.
Es indudable el alto consumo energético que provoca el sector de la construcción a nivel mundial. Una actividad que debe revisarse en sus actitudes para ser respetuosos, siendo algunas de las cuestiones la exigencia de normativas adecuadas, un estudio del mantenimiento de los edificios, lo que implica un gran reto para los diseñadores, o aspirar al objetivo de consumo cero, ya que se tienen las tecnologías, en la edificación.
Como señalaba Töpfer, desgraciado es el pasado peso en la planificación urbana y crecimiento de las ciudades del precio de la energía, y las consecuencias que acarrea en la actualidad. Hoy gran cantidad de distintas ciudades, sin nada sistémico que las relacione, poseen un elevado nivel de construcción. Este es parte y expresión de un sistema económico cuyo crecimiento ha acentuado grandes desigualdades; valga de ejemplo los estragos que ha perpetrado entre la clase media norteamericana surgida entre las décadas de los 50s a 70s del s XX.
Como consecuencia están decreciendo las posibilidades de prosperar de las clases bajas, también de las medias, mientras a nivel de grandes ejecutivos se llegan a salarios que rebasan x16000 veces el de un obrero.
Tanto Saskia Sassen como Kaarin Taipale incidían en la necesidad de recuperación de la implicación cívica y política de las personas para encajar esta lucha, recuperar la democracia cívica, promoviendo como escenario de su desarrollo el espacio público. Y es que no puede existir sostenibilidad sin democracia.
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Hay países que en la actualidad van a exigir crecer, al igual que los occidentales lo hicieron en su momento, y no se podrá decirles que no. Por el contrario el reto es trabajar por alcanzar ese desarrollo sin que implique destrucción del medio.
Ya desde el año 1972 la comunidad internacional desde la UN (http://www.unep.org/) lleva trabajando en diversos foros sobre la problemática de un desarrollo respetuoso en el planeta. En la cumbre de Johannesburgo, en 2002, se definieron los objetivos sobre los que se debe trabajar al respecto, sintetizado en las 3 P: People, Planet and Prosperity (al que se puede añadir una cuarta: Peace).
Y es importante comprender que si se pretende una respuesta pacífica a este gran reto de desarrollo sostenible se acaba el tiempo. Es clave una necesaria implicación política y ciudadana, atendiendo a la educación como un pilar básico o aprovechando instrumentos ya definidos como las agendas 21 a nivel local. Un ejemplo reseñable de posicionamiento al respecto fue la introducción de la producción de agua caliente solar en las ordenanzas de Barcelona, posteriormente adoptadas por la legislación nacional española en el CTE.
Es indudable el alto consumo energético que provoca el sector de la construcción a nivel mundial. Una actividad que debe revisarse en sus actitudes para ser respetuosos, siendo algunas de las cuestiones la exigencia de normativas adecuadas, un estudio del mantenimiento de los edificios, lo que implica un gran reto para los diseñadores, o aspirar al objetivo de consumo cero, ya que se tienen las tecnologías, en la edificación.
Como señalaba Töpfer, desgraciado es el pasado peso en la planificación urbana y crecimiento de las ciudades del precio de la energía, y las consecuencias que acarrea en la actualidad. Hoy gran cantidad de distintas ciudades, sin nada sistémico que las relacione, poseen un elevado nivel de construcción. Este es parte y expresión de un sistema económico cuyo crecimiento ha acentuado grandes desigualdades; valga de ejemplo los estragos que ha perpetrado entre la clase media norteamericana surgida entre las décadas de los 50s a 70s del s XX.
Como consecuencia están decreciendo las posibilidades de prosperar de las clases bajas, también de las medias, mientras a nivel de grandes ejecutivos se llegan a salarios que rebasan x16000 veces el de un obrero.
Tanto Saskia Sassen como Kaarin Taipale incidían en la necesidad de recuperación de la implicación cívica y política de las personas para encajar esta lucha, recuperar la democracia cívica, promoviendo como escenario de su desarrollo el espacio público. Y es que no puede existir sostenibilidad sin democracia.