LA CONSTRUCCION COMO FACTOR DE DESARROLLO, por Julio Rodríguez López.
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Es en las etapas de remanso cuando se puede hablar, y ahora el mercado se encuentra en este caso.
Las competencias urbanísticas están en manos de las comunidades autónomas, y éstas no se han aplicado mucho en el control, y para escuchar voces de mesura ha habido que esperar a pronunciamientos del Europarlamento y gracias a la interpelación de preocupados ciudadanos extranjeros que residen en el levante español.
Y es que en el mercado de la construcción en los últimos años, las infraestructuras, la obra civil, ha abarcado un tercio del total, frente a un casi 40 % de la residencial, quedando el resto para obra no residencial.
Gracias a la construcción (residencial) se ha favorecido un gran crecimiento, representando un 14 % de la actividad económica española (mientras en Europa los indicadores de este sector se reducen a la mitad) y su auge es un claro indicador del crecimiento económico. Pero esta afirmación es una verdad a medias.
España es el segundo país de mayor déficit exterior del mundo, pero gracias al Euro ésta circunstancia no ha supuesto un problema, porque no ha dejado de haber financiación abundante y barata; se han vendido muchos títulos hipotecarios en el exterior, muchos de ellos a inversores chinos.
Anteriormente si fallaba en nuestro país la construcción en consecuencia se propiciaban otras actividades; como la vuelta al sector agroindustrial, o a exportaciones, e incluso beneficiaba la devaluación de la peseta. Ahora, con el uso del euro como moneda, muy fuerte en la actualidad, y como divisa que ella misma es, es muy difícil la exportación.
En España hasta el 2006 la construcción y el consumo han sido los motores de la economía española. Y bien se ha dicho, hasta 2006, encontrando no obstante en estos momentos muchos planes urbanísticos que se presentan muy expansivos ( ¡?)
En nuestra nación el número de propietarios de vivienda es 20 puntos superior al nivel europeo, que resalta la importancia de actuaciones de alquiler en Europa respecto a nuestro país. Esta diferencia española se sustenta en parte gracias a tres factores:
a. la ley de arrendamiento en la posguerra, que no permitía la subida de alquileres.
b. las políticas mayoritarias de vivienda pública en venta.
c. los mayores beneficios fiscales a la propiedad.
Si bien el PIB/hab has subido espectacularmente en los últimos 10 años, ahora la adquisición de una vivienda supone el 51% de los ingresos frente al 29% de aquel momento.
Si dejamos al mercado, éste puede enladrillar el país. Pero se debe tener en cuenta, por ejemplo, si se decide ocupar una vega, no es lo mismo colocar hoteles que segunda residencia; o se debe evitar la peligrosa transformación y desaparición de polígonos industriales en viviendas.
El número de viviendas debe construirse en base a la necesidad de creación de hogares. Sin embargo los ayuntamientos responden con una construcción sin control, con unas autonomías (con las competencias), cuya falta de coordinación ha provocado un efecto muy negativo en los últimos nueve años, que responden mal a esta situación. La solución puede estar en volver a la llamada economía mixta desarrollada en los 80s, con una necesaria racionalización del mercado.
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Es en las etapas de remanso cuando se puede hablar, y ahora el mercado se encuentra en este caso.
Las competencias urbanísticas están en manos de las comunidades autónomas, y éstas no se han aplicado mucho en el control, y para escuchar voces de mesura ha habido que esperar a pronunciamientos del Europarlamento y gracias a la interpelación de preocupados ciudadanos extranjeros que residen en el levante español.
Y es que en el mercado de la construcción en los últimos años, las infraestructuras, la obra civil, ha abarcado un tercio del total, frente a un casi 40 % de la residencial, quedando el resto para obra no residencial.
Gracias a la construcción (residencial) se ha favorecido un gran crecimiento, representando un 14 % de la actividad económica española (mientras en Europa los indicadores de este sector se reducen a la mitad) y su auge es un claro indicador del crecimiento económico. Pero esta afirmación es una verdad a medias.
España es el segundo país de mayor déficit exterior del mundo, pero gracias al Euro ésta circunstancia no ha supuesto un problema, porque no ha dejado de haber financiación abundante y barata; se han vendido muchos títulos hipotecarios en el exterior, muchos de ellos a inversores chinos.
Anteriormente si fallaba en nuestro país la construcción en consecuencia se propiciaban otras actividades; como la vuelta al sector agroindustrial, o a exportaciones, e incluso beneficiaba la devaluación de la peseta. Ahora, con el uso del euro como moneda, muy fuerte en la actualidad, y como divisa que ella misma es, es muy difícil la exportación.
En España hasta el 2006 la construcción y el consumo han sido los motores de la economía española. Y bien se ha dicho, hasta 2006, encontrando no obstante en estos momentos muchos planes urbanísticos que se presentan muy expansivos ( ¡?)
En nuestra nación el número de propietarios de vivienda es 20 puntos superior al nivel europeo, que resalta la importancia de actuaciones de alquiler en Europa respecto a nuestro país. Esta diferencia española se sustenta en parte gracias a tres factores:
a. la ley de arrendamiento en la posguerra, que no permitía la subida de alquileres.
b. las políticas mayoritarias de vivienda pública en venta.
c. los mayores beneficios fiscales a la propiedad.
Si bien el PIB/hab has subido espectacularmente en los últimos 10 años, ahora la adquisición de una vivienda supone el 51% de los ingresos frente al 29% de aquel momento.
Si dejamos al mercado, éste puede enladrillar el país. Pero se debe tener en cuenta, por ejemplo, si se decide ocupar una vega, no es lo mismo colocar hoteles que segunda residencia; o se debe evitar la peligrosa transformación y desaparición de polígonos industriales en viviendas.
El número de viviendas debe construirse en base a la necesidad de creación de hogares. Sin embargo los ayuntamientos responden con una construcción sin control, con unas autonomías (con las competencias), cuya falta de coordinación ha provocado un efecto muy negativo en los últimos nueve años, que responden mal a esta situación. La solución puede estar en volver a la llamada economía mixta desarrollada en los 80s, con una necesaria racionalización del mercado.